La primera bicicleta

“A mi casa los Reyes Magos nunca llegaron con una bicicleta para mí.  Me trajeron algunas muñecas, ropita para las muñecas y muchos libros con pinturas. Y yo era feliz porque me encantaba dibujar, leer y escribir.

¿Una bici a un niña, hace ya más de 40 años? Era algo impensable.

Pero un año apareció una bici sin montar, el sillín por un lado, el manillar por otro y las ruedas sueltas (una bici desmontada). Y mi hermano que tendría unos 4 años se enfadó con los Reyes de por vida. – ¡¡¡ Cuando por fín llega una bici, va y se la traen rota ¡¡¡. En el centro de tanta ofuscación, mi padre como pudo la montó y mi hermano accedió a montar “refunfuñando”.

Así es como recuerdo la primera bicicleta que llegó a mi casa, y también recuerdo a la hermanita de la Nancy, la Lesly que me trajeron a mí .

A pesar no mostrar demasiado interés por mi parte, desde muy temprana edad todos nosotros tuvimos bicicletas, porque mi abuelo (que era algo así como un inventor en un época equivocada) se dedicaba a “construir” bicis con hierros que encontraba, adaptándolas a nuestro tamaño o altura y no tuve más remedio que montar en bici durante años.

 Y con el tiempo se llenó mi casa de hermanos y de bicis.”

Por todo esto Yo sé que nací ciclista, en una familia de ciclistas, y ahora que participo en SheRides sé que es imprescindible nacer ciclista para entender y disfrutar de este lugar. Quizás con el tiempo necesite montar más en bici pero de momento me siento ciclista cuando escribo para tí mujer ciclista. Y tú, mujer She Rides ¿quieres contarnos tu momento?

Si te interesa compartir con nosotras qué sentiste la primera vez que tuviste una bici entre tus manos, nos mandas un texto corto como el mío y lo vamos publicando para que todas podamos compartir un ratito de emoción y una sonrisa.

Envíanos tu historia a info@sherides.es

 

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3 comentarios en “La primera bicicleta

  • Hola, mi nombre es Myrian, este un escrito que hice en mi página sobre mi primera bicicleta.
    “Siempre me gustó eso de ir en bici. La primera que tuve debió ser alrededor de los seis años. Era de aquellas con ruedas pequeñas a los lados, que pronto le quité. Vivía en Madrid, en un piso que tenía una terraza de unos cuatro metros de larga. Allí, de una pared a otra, intentaba pedalear, una y otra vez, a un lado, al otro, y de nuevo sin parar, “kilómetros y kilómetros” se hacían en especie de ir y venir sin fin… así que recuerdo un día en el que salí a un jardín que teníamos cerca, era la época en que a los “Nuevos Ministerios” iban las familias con sus hijos a jugar, y allí, con metros y metros por delante, me puse a pedalear, y sin muro que me frenase, seguí pedaleando más y más sin parar, ¡había aprendido a ir en bici en una terraza de cuatro metros lineales!.
    La bici aquella era pequeña, con aquel asiento alargado con respaldo, y piñón fijo… cuidadín con los piñones fijos, ¡no se os ocurra coger velocidad y levantar los pies!, creo que ese fue mi primer gran golpe, pero eso lo contaré otro día…
    Con esta bici fui aprendiendo lo que posteriormente se traduciría en una agradable sensación de libertad. Primero con sus cuatro ruedas, después quitando la derecha y por último la izquierda… Yo creo que desde entonces no he corregido la postura en las bajadas, mis giros son siempre mejores hacia el lado izquierdo (donde la rueda pequeña todavía me aseguraba la posible caída), y en zonas técnicas tiendo a controlar la bici con el cuerpo hacia la derecha, el pie que siempre suelo apoyar primero en tierra y la bici con tendencia a inclinarse hacia la izquierda como si la fuera a sujetar la ruedecilla…
    Sigo practicando. Sigo disfrutando.”

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